El 14 de diciembre de 1986, River Plate derrotó al Steaua Bucarest por uno a cero y obtuvo la primera, y hasta ahora única, conquista intercontinental de su historia. Un gol de Antonio Alzamendi y la fortaleza de un auténtico equipazo fueron suficientes para doblegar a los rumanos y conquistar el mundo en un año inolvidable para el fútbol argentino.
¡River campeón! El grito más hermoso que puede exclamar cualquier hincha millonario, partió en aquel frío mediodía de Tokio -medianoche argentina-, desde el Estadio Nacional y hacia todo el mundo. La cereza del pastel de aquel año glorioso para el fútbol argentino, con la Selección campeona del Mundo en México y con un River brillante que se llevó de manera holgada el Campeonato de Primera Divisón 1985/86, con solidez la esquiva y deseada por tantos años Copa Libertadores de América y que en Japón logró llegar al máximo título que podía lograr un club.
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